El silencio también tiene su propio vocabulario
Aprendí a escuchar los espacios entre las palabras antes de entender las palabras mismas.
Aprendí a escuchar los espacios entre las palabras antes de entender las palabras mismas.
Mi abuela hablaba poco. Era una mujer de silencios elocuentes, de pausas que valían más que cualquier discurso. Cuando algo le alegraba, callaba. Cuando algo le dolía, también.
Heredé algo de eso. O eso me gusta creer.
En realidad, simplemente no sé bien cómo decir las cosas importantes. Las cosas pequeñas, las banales, esas salen solas. Pero cuando algo me pesa o me llena, busco las palabras y descubro que se han ido todas, que solo queda ese espacio vacío que mi abuela hubiera sabido llenar con una mirada.
Mi abuela hablaba poco. Era una mujer de silencios elocuentes, de pausas que valían más que cualquier discurso. Cuando algo le alegraba, callaba. Cuando algo le dolía, también.
Heredé algo de eso. O eso me gusta creer.
En realidad, simplemente no sé bien cómo decir las cosas importantes. Las cosas pequeñas, las banales, esas salen solas. Pero cuando algo me pesa o me llena, busco las palabras y descubro que se han ido todas, que solo queda ese espacio vacío que mi abuela hubiera sabido llenar con una mirada.
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