Los relojes dormidos
Era un planeta fuera de otro planeta dentro de otro planeta.
Una mañana bellaCo despertó y todos los relojes estaban roncando. El de la cocina hacía un ruido como motor de tractorcillo, el del cuarto sonaba como gato perezoso, y el de la sala - el más grande y presuntuoso - resoplaba como ballena enfadosa.
Büilare se despertó furiosa porque no podían saber qué hora era. Los relojes dormían profundamente y sus manecillas se habían vuelto de algodón.
• ¡Despiértense, flojos! - les gritaba Büilare con sus manitas en la cintura.
Pero los relojes siguieron durmiendo. Entonces bellaCo tuvo una idea maliciosa. Se comió tres cucharadas de miel pegajosa y se puso a caminar al revés por toda la casa. Al principio no pasó nada, pero luego el tiempo comenzó a correr hacia atrás.
Los huevos del desayuno regresaron a ser gallinas pequeñitas que salieron corriendo por la ventana. El sol empezó a esconderse detrás de las montañas y la luna apareció bostezando.
Los relojes despertaron asustadísimos viendo que sus números corrían al revés. Se pusieron a gritar la hora correcta desesperados: ¡las siete! ¡las seis! ¡las cinco!
bellaCo se cagó de risa viendo el pánico de los relojes.
Büilare le pegó con una cuchara de madera en la cabeza y todo volvió a la normalidad.
Menos los huevos. Esos siguieron siendo gallinas.
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